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Si queremos verdaderamente llegar donde se vive con salud y prosperidad constantes, entonces tenemos que hacer justamente lo que leemos en 3 Juan 2: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas y que tengas salud, así como prospera tu alma”.

Tendremos que prosperar en nuestra alma primero. ¿Cómo prosperamos en nuestras almas? Veamos Isaías 55:2-3, 7-9:

¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oidme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oid, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Para que nuestras almas prosperen, tenemos que empezar a pensar de la misma manera que piensa Dios. Después de todo, la manera en que Dios piensa y hace las cosas es siempre la manera correcta. Es siempre la manera superior, siempre la mejor manera.

Una vez que entramos en el reino de Dios, es nuestra responsabilidad aprender sus caminos y andar en esos caminos. Tenemos que desechar nuestros viejos y bajos pensamientos, desechar nuestros viejos y bajos modos de vida y recibir los altos caminos y pensamientos de Dios.

¿Cómo hacemos eso?

Por medio de la Palabra.

Dios nos dio su Palabra para que podamos ver exactamente cómo Él piensa y cómo hace las cosas. Es por eso que por generaciones Èl se ha esforzado en lograr que su pueblo concuerde con Él, que concuerde con su Palabra: que la lea, que la predique y la ponga en práctica.

Todo lo que usted y yo tenemos que hacer es averiguar lo que dice la Palabra y luego hacer lo que dice. Mientras eso hagamos, la Palabra nos mantendrá fuera de tribulaciones y en la totalidad de sus bendiciones. Esto lo vemos muy claro en la vida de Jesús en la tierra y en su ministerio.

En Mateo 4 leemos que Jesús, después de haber sido bautizado por Juan en el río Jordán y lleno del Espíritu Santo, fue tentado por Satanás mientras Jesús ayunaba en el desierto. Fue durante esta confrontación con el diablo que Jesús nos dio la clave para el buen vivir. “Él respondió y dijo: escrito está: no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”.

Vea usted, el pan, o sustancia natural, no es suficiente para que nosotros vivamos vidas abundantes. Necesitamos la Palabra de Dios. La Palabra es tan vital para nosotros como lo es el alimento que comemos.

Pero tome en cuenta que Jesús dijo que vivimos de toda palabra que venga de la boca de Dios, no de algunas palabras.

Toda palabra que Dios nos da es para nuestro provecho y para nuestro bien. Vivir de toda palabra de Dios es la única manera de vivir de cada bendición de Dios. Cuando Ken y yo aprendimos este principio, cambiaron nuestras vidas.

Una vez que aprendimos a vivir diariamente de la Palabra de Dios, las circunstancias y situaciones empezaron a aliniarse con la Palabra, y nunca pararon de cambiar para nuestro bien.

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por Kenneth Copeland

cascadadedinero1Las creencias tradicionales nos han llevado a considerar la prosperidad como algo antibíblico. Sin embargo, inspirado por el Espíritu Santo, Juan dice que su deseo es que prosperemos y tengamos salud. Más adelante, en el versículo 11 de 3 Juan, nos indica: «Amado, no imites lo malo, sino lo bueno. El que hace lo bueno es de Dios; pero el que hace lo malo, no ha visto a Dios». Si la prosperidad fuera algo antibíblico, ¿por qué Él desea que prosperemos? Como ve, la prosperidad en sí no es mala.«así como prospera tu alma». El hombre es espíritu: tiene un alma que consiste de la mente, la voluntad y los sentimientos y, además, el hombre habita en un cuerpo. Por lo tanto, existen la prosperidad espiritual, la mental y la física.

El dinero no es la raíz de todos los males. El amor al dinero es la raíz de todos los males (1 Ti 6:10), y existen personas cometiendo este pecado, ¡sin poseer ni un peso! Sin embargo, quiero que usted entienda que la prosperidad abarca mucho más que las finanzas.

Cuando Juan dijo que deseaba que prosperemos y tengamos salud, añadió la oración

Para prosperar espiritualmente, usted debe nacer de nuevo. Cuando usted recibe a Jesús como su Salvador y como el Señor de su vida, su espíritu nace de nuevo y se restablece la comunión con el Padre celestial. Eso lo coloca a usted en posición de recibir de Él todo que lo su Palabra promete.Para que su alma prospere, usted debe ser capaz de controlar su mente, su voluntad y sus sentimientos. El acumular mucho conocimiento no significa que su mente esté prosperando. La prosperidad mental ocurre cuando usted utiliza la información que ha adquirido; cuando usted controla su mente en lugar de ella a usted. En 2 Corintios (10:5) se indica: «… derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo». La persona que hace esto tiene control de su mente y está en posición de prosperar mentalmente. Si la Palabra de Dios no vive y opera en usted, no tendrá el dominio completo de su mente. De la misma forma es como debe controlar su voluntad.

 

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La prosperidad verdadera

Publicado: 06/05/2009 en Prosperidad

por Gloria Copeland

Para que nuestra vida prospere, primero es necesario que nuestra alma prospere. Pero, ¿cómo logramos esto?

Mi vida empezó a prosperar hace muchos años, cuando leí Mateo 6:33 en una Biblia que la madre de Ken le había regalado: “Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Eso quiere decir que debemos procurar “hacer lo que es justo ante Dios”, y esto constituye la base de la prosperidad según Dios. Cuando encontré ese versículo, yo ya estaba pensando en poner a prueba el camino de Dios, porque tenía muchas necesidades, y a como yo estaba haciendo las cosas, nada estaba dando resultado.

Descubrí que la prosperidad según Dios no incluye únicamente las bendiciones materiales; también incluye la sanidad, la sabiduría, el éxito, el bienestar, la protección y el favor de Dios y todas las cosas buenas que usted pueda necesitar: todas las cosas buenas por las que Jesús pagó para que fueran suyas. Él tomó nuestro lugar y cargó con la maldición del pecado para que viviéramos en la bendición de Dios: “Cristo nos redimió de la maldición de la Ley, haciéndose maldición por nosotros (pues está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzara a los gentiles, a fin de que por la fe recibiéramos la promesa del Espíritu” (Gálatas 3:13-14).

Isaías 53:5 nos dice: “…el castigo [necesario para obtener nuestra paz] de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga [o sus heridas] fuimos nosotros curados”. La palabra hebrea para paz en esta escritura es shalom, que esencialmente significa “nada hace falta, todo está íntegro”, es decir, la plenitud en todo aspecto de nuestra vida: espíritu, cuerpo y alma.

Esta forma de vida próspera no cae del cielo, ni ocurre de un día para otro. Sin embargo, el fundamento de la prosperidad verdadera empieza con los siete pasos siguientes:

1.   Andar en la verdad
2.   Ser fiel
3.   Ser diligente
4.   Diezmar
5.   Sembrar
6.   Confiar
7.   Hablar

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